miércoles, 10 de octubre de 2012

Escalando



Yo creo que todo esto comenzó el 30 de septiembre. El plan era irnos todos a las montañas y tratar de escalarlas. Sin embargo, el clima nos complicó nuestro objetivo. El día anterior había llovido, por lo tanto, todo estaba mojado. Esto representaba un riesgo para nosotros que queríamos divertirnos un poco con la naturaleza.

Todos acostados en nuestras respectivas camas, revisábamos el celular para ver si había algún mensaje de alguien, diciendo si sí se podía escalar o no la montaña. Yo empecé a prepararme. Cuando en segundos apareció lo que no queríamos leer. La oración que nos indicaba que ya no llovía pero todo estaba mojado aún, por lo tanto no podríamos ir a escalar.

En ese momento, me di cuenta que ya había desayunado muy bien, justo para tener la energía suficiente para nuestra excursión. Pero como no íbamos a ir a la montaña, decidí irme a hacer un poco de ejercicio con mi bicicleta.

Después, me avisaron que el plan de escalar lo podíamos hacer también dentro de un gimnasio. Entonces pensé, bueno, puedo ir a ver cómo funciona todo eso y si me gusta me quedo, si no, pues simplemente me voy.

Me fui a toda velocidad hacia el gimnasio, ya que ahí me estaban esperando algunas de las personas que al principio habíamos planeado ir a escalar a la montaña. Y por fin llegué.

Aquí es donde empieza realmente lo interesante.

Al llegar al gimnasio me dijeron que primero tenía que "calentar" un poco,  antes de empezar a treparme. Yo como había hecho ejercicio con mi bicicleta, decidí no calentar. Y empecé mi aventura.

Primero me puse los zapatos especiales para poder practicar esta actividad. Eran super pequeños. Y aunque te dan los correctos según la medida de tus pies, la forma que tienen son peculiares. Sientes que tus dedos se encogen totalmente justo al intentar meter todo el pie en ese zapato. Al principio, no podía ni caminar, pero me explicaron que era necesario usarlos así, ya que es importante "sentir la piedra".

Al empezar a escalar, es decir, a hacer los ejercicios que me pusieron, mis manos empezaron a sufrir un poco, ya que no estaban acostumbradas a tanto roce. Y por lo tanto, fueron apareciendo ampollas, unas grandes y otras pequeñas. Me dolían las manos, pero el intentar terminar el reto, era lo que me motivaba a seguir adelante sin quejarme mucho.

Poco a poco fui empezando a querer más la pared. Me pusieron más retos. Ya no era tan fácil llegar al punto final. Ahora tenía que colocar mis manos en ciertas piedras específicas, si no lo haces así, entonces es como si el reto no contara. El "chiste" de esto, es intentar, sin engañarte a ti mismo, llegar al punto final, tocando las piedras correctas, o al menos, las piedras elegidas por el instructor. A esto es a lo que yo le llamo RETO.  ¿Por qué? Simplemente porque aquí nadie te está calificando. Aquí eres tú contra tí mismo. Tú contra la pared y la roca. Tú contra tus pensamientos y tus limitaciones. Si quieres salir adelante, todo depende de ti. Depende de qué movimiento utilices para lograr llegar a la cima. Sin embargo, algo que me hace querer estar ahí y que me encanta. Además de que al momento de estar en la pared mi mente está concentrada totalmente en lo que estoy haciendo, me gusta porque comparto esta actividad con mis amigos. Y lo mejor, es que se ha logrado trabajar como equipo. Aunque yo haya dicho que esta actividad es individual, tú contra la pared. Es muy importante tener tu equipo de gente quienes te apoyan todo el tiempo. Creo que hemos logrado trabajar en conjunto viendo cómo poder avanzar todos. Nos ayudamos, nos apoyamos, nos decimos qué movimientos podríamos utilizar para lograr llegar al punto final. La mayoría de las veces no logramos llegar al primer intento. Pero el equipo está ahí, te anima, te dice que sí puedes.

Al final del día, puedes decir, no logré llegar al punto final, pero lo intenté muchas veces. A la próxima, empiezo por el reto que no pude lograr y así poder pasar a otro reto más difícil.

Simplemente, en estos momentos, es lo que me hace muy feliz.