jueves, 29 de marzo de 2012

Y me voy de aquí... pero regreso.

Desde el lunes quería escribir, ya había pensado en el tema. Sin embargo, el trabajo no me permitía tener tiempo libre para hacerlo.

Estando aquí en Alemania, como lo he dicho anteriormente, he aprendido muchísimas cosas. Pero algo muy importante que me está sucediendo ahorita es el sentimiento de pertenecer a un lugar.

Esto se los explico así.

El fin de semana viajamos a Venecia 6 alumnas y yo. Al llegar al aeropuerto, me dicen mis alumnas, "Miss, qué raro se siente que ahora que vamos de regreso a Heidelberg, me siento como que ya regresamos a casa." Y sí, ya sentimos que nuestra casa es Heidelberg. Y si nos vamos de viaje a otro lado,   ya lo que quiere uno es descansar en su cama, en su baño, en su espacio. A esto le llamo yo el sentimiento de pertenecer a un lugar.

El domingo, si Dios quiere, me toca irme a Francia. Ahí estaré 4 semanas solamente, después de eso, regresaré a Alemania. Aunque no lo crean, es difícil para mí.

Hace rato en la cena, estábamos platicando mis compañeras de trabajo y yo, sobre nuestras vidas en Europa. Cuando me dicen que voy a pasar semana santa en París, a mí se me hace algo normal. Mientras que hay mucha gente que daría lo que fuera por conocer aunque sea la Torre Eiffel una vez en su vida.

Aquí va la parte difícil.  Cuando sientes que perteneces a un lugar, te sientes en casa, te sientes agusto, te sientes hasta dueño de cierto territorio. No hay nada que no puedas hacer y si es que hay cosas que no las puedes hacer... buscas la manera de hacerlo. En mi caso, siento que pertenezco a Alemania. Soy sincera al decir que me llama la atención un poco Francia, sin embargo, no hay como Alemania. Pero ahora, más que ese amor por este país, lo que me hace difícil mi partida por un mes solamente, son mis alumnos.

Es impresionante la manera de cómo te puedes llegar a encariñar con ellos. He sido maestra por 6 años, he tenido muchos alumnos. Hay algunos que todavía los veo y me da gusto saludarlos. Pero por la forma en que está escrito mi contrato laboral, solamente veía a los alumnos pocas horas de la semana.

En esta ocasión, veo a los alumnos todos los días, muchas horas al día. En ocasiones como con ellos,  voy al cine, al boliche, de paseo, de viaje con ellos. El que te tomen en cuenta para poder tomar sus propias decisiones, el que confíen en tí para cualquier cosa. El que te pidan que los acompañes al doctor o algún lugar. Y el que te pidan que les ayudes, no solamente en la materia, sino en escucharlos.

Creanme, no es fácil. Sé que voy con más alumnos y sé que también tendrán su forma de ser y que tendrán muchas cualidades y cosas nuevas que sucederán. Pero realmente, tengo, como ya había escrito anteriormente, ese sentimiento de pertenencia.

Pase lo que pase en Francia, lo bonito es que siempre quedará en mi memoria lo bien que me la pasé aquí en Alemania. Además, volveré. Pero por ahora, quería externar mis sentimientos.


domingo, 18 de marzo de 2012

Cuando sientes que en realidad estás aquí por algo.


Hace unos días escribí una frase en mi twitter, (@yarairuegas, por si me quieren seguir). "Qué bonito es cuando las cosas se hablan y lo mejor es cuando te escuchan."

Es interesante ver cómo existen diferentes etapas en tu vida. En este momento,  no me estoy refiriendo a toda mi vida, sino, solamente me refiero a estos dos meses que he estado fuera de México. Dos meses muy intensos, difíciles por un lado y excelentes por otro.

Estando aquí he experimentado todo tipo de sensaciones. Sensaciones padrísimas al pisar de nuevo un país al que yo amo y respeto. El lugar que me inspira a ser mejor, que me hace pensar, que me hace sonreír, respirar, soñar, sentir, y sobre todo me hace completamente feliz.

Y así como he tenido sensaciones padrísimas, también he tenido momentos difíciles en los cuales por mi trabajo, he tenido que usar más la cabeza que el sentimentalismo, y en otras ocasiones, además de usar la cabeza, es necesario darle la oportunidad al sentimiento de que haga su papel.

Los que me conocen poco, tal vez supongan, por mi forma de ser, que soy una persona fría. Y los que me conocen muy bien, saben que soy una persona fría, pero en el interior, soy 100 % sentimental. Por lo tanto, tal vez no exprese mis sentimientos con abrazos o cariñitos, a lo mejor lo hago de otra manera.

Estando aquí, he reflexionado mucho y algo de lo que estoy muy sorprendida, es que me estoy dando cuenta que a lo mejor estoy aquí en el mundo con el objetivo de servir de apoyo a los demás. Y creo que eso me hace sentir muy bien.

Siento que mucha gente platica conmigo y veo a través de sus ojos una tranquilidad al ser escuchados. Al menos eso lo he experimentado por muchos años, pero en estos dos meses, además de escuchar a las personas, he vivido una sensación que me ha hecho pensar muchísimo. Les voy a contar.

Mi trabajo aquí, además de dar clases, el objetivo principal es cuidar a los alumnos. Estar siempre al pendiente de ellos. Eran las 3 am, yo estaba dormida. En eso, suena mi celular, contesté y era una alumna diciéndome que se sentía muy mal. Entre dormida y despierta, le di un consejo sobre qué se podría tomar para quitarse el dolor. Me dormí. Al día siguiente, la alumna me habla otra vez diciéndome que se sentía muy mal todavía. La llevé al doctor y me dijo que probablemente era apendicitis, que la llevara de emergencia al hospital.

En ese momento en que nos subimos al taxi y que la alumna empezó a llorar, me decía que tenía mucho miedo de que la operaran y mucho miedo a las agujas también. Ahí me di cuenta que en ese momento tenía que empezar a usar un poco el sentimentalismo. Y lo que hice fue abrazar a la alumna y darle palmaditas con algunas palabras positivas. Llegando al hospital, me dijeron que le tenían que hacer pruebas de sangre, laboratorio, etc. La alumna lloraba del dolor, del miedo y sobre todo, de la desesperación de no entender lo que me decían los doctores en alemán. Al comentarle que le tenían que sacar sangre, ella no quería que le "clavaran" la aguja. Entonces, la abracé, le dije que me apretara el brazo lo más fuerte que pudiera y que su cara la volteara para el lado contrario del brazo del que le iban a sacar sangre. Al escucharla llorar con esa desesperación, y al pensar que el único apoyo que tenía la alumna en ese momento era yo, mis ojos empezaron a llenarse de lágrimas. Mismas que sequé al instante, para no demostrar debilidad. Terminada la acción, se dio cuenta que no le había dolido tanto. Se tranquilizó un poco y platicando con ella de otras cosas para distraerla del dolor, salieron los resultados aclarando que no era necesario hacer ninguna operación.

Y la historia sigue, pero a lo que voy con este fragmento de mi pasado, es que al menos, este tiempo que he estado aquí, me ha hecho reaccionar a situaciones de maneras muy diferentes a como reaccionaba anteriormente.

Creo que hay veces que es necesario demostrar un poco tus sentimientos, pero más cuando la persona que está contigo se siente en esos momentos sola o cuando busca apoyo de parte de alguien. Y finalmente, además de hacer sentir mejor a la otra persona, tú mismo te sentirás feliz.




domingo, 4 de marzo de 2012

Y se escuchaba cerca del callejón.


Normalmente uno vive su vida sin darse cuenta de los detalles que nos rodean.
No sé si han visto por medio de Facebook una fotografía en donde se puede ver a lo lejos un violinista. Abajo de esa fotografía nos cuenta la historia, que se hizo un experimento sobre la actitud y reacción de la gente poniendo a violinista muy famoso, quien un día antes había tocado en un concierto, en el cual sus boletos costaban mucho dinero. El violinista tocaba en el metro y la gente no se detenían a escuchar, algún niño lo hacía, sin embargo su madre lo jalaba, ya que tenían prisa.

Algo muy parecido me sucedió aquí. Ayer a las 11.30 de la noche, iba caminando por la calle principal de la ciudad. Había mucha gente afuera, muchachos cantando, otros gritando, otros borrachos, etc. Pues era sábado, la fiesta apenas comenzaba. Yo en cambio, iba a cumplir con una parte de mi trabajo.

Concentrada en el camino, cuidando de no ser atropellada por una bicicleta, pensando en muchas cosas, referente a lo que había sucedido la semana pasada, a lo que sucedía en mi vida, y a lo que podría suceder también. Mi mente estaba totalmente enfocada en mis pensamientos. Sinceramente el ruido que venía de la calle, como los gritos, las voces, etc. no me distraían de mis pensamientos. En eso, empecé a escuchar un sonido que venía de un callejón. Una melodía muy llamativa, sonido que al escucharlo lo relacionas con música clásica, por lo elaborado de las ejecución de las notas. Me sonaba parecido a una flauta. Seguía caminando y el sonido cada vez se escuchaba más claro. En mi mente, me estaba imaginando a un muchacho, músico, como los que se ponen a tocar en las calles europeas. Seguí caminando y cada vez me acercaba más al callejón. Mi mente ahora sólo pensaba en esa melodía. Quería descubrir de dónde venía ese sonido y quién lo producía.
Al momento en que llegué al callejón, me di cuenta que el sonido lo hacía la flauta dulce, es decir, aquella flauta que te encargan comprar en la secundaria. Para mi sorpresa, la melodía la producía un señor, quien normalmente le llamaríamos "vagabundo". Era un señor de aproximadamente unos 50 años, estaba parado a lado de su bicicleta, misma que traía ciertos bultos cargados en la parte de atrás. En el piso había una colcha, lo que me decía que el señor ahí iba a dormir.

Sinceramente, no me pude detener porque tenía que estar puntualmente en un lugar. Y seguí caminando. En esos momentos me acordé de la fotografía sobre el violinista famoso. Y entonces pensé, en la vida hay muchas verdades. Por ejemplo, es verdad que uno tiene tantas cosas que hacer que no te das cuentas de los detalles pequeños, mismos que son los que hacen que tu vida valga la pena. Es verdad que la apariencia engaña y que nuestros pensamientos se dirigen, la mayoría de las veces, a lo que conocemos y creemos y no a lo que en la vida real es. ¿Quién dijo que por no querer seguir las reglas de la sociedad de tener un trabajo en el cual tengas que usar traje y corbata, no puedas tener el don de crear y/o ejecutar música? ¿Quién dijo que porque no tienes un lugar en dónde dormir no puedes expresar tus sentimientos con la música?

Esto me llevó a pensar que en realidad deberíamos de descubrir ese pequeño detalle de cada persona. Estoy segura que cada uno, como persona, tiene algo qué aportar a la sociedad. Aunque sea algo pequeño, sin embargo, sin ese algo, la vida en sí, sería totalmente distinta.

Yo también tengo ese algo.