lunes, 13 de mayo de 2013

La mesa de los niños

La semana pasada me tocó ir a París por mi trabajo. Algo de lo que me pude dar cuenta es que esta vez, no batallé en lo absoluto con el idioma. Es necesario comentar que no sé nada de francés. Lo único que puedo decir es: "oui, je ne parle pas francais y Je voudrais une pizza quatre saison s'il vous plait".
Pero en comparación al año 2004, que fui por primera vez a París, ahí sí dije, a ver, sé hablar 3 idiomas y ninguno me sirve. Entre estos idiomas está español, inglés y alemán. Aquella vez logré comunicarme un poco en alemán y otro poco en español, pero hablar en inglés era lo peor que podías hacer.

En esta ocasión, me di cuenta que la mayoría de la gente habla inglés. A todos los restaurantes y tiendas que fuimos, todos hablaban este idioma. Claro, hubo un restaurant en el que fuimos, le preguntamos que si sabía inglés y dijo que no. Ni español ni alemán. Entonces, como ya habíamos ordenado y no nos traían la cuenta, pues dijimos, vamos a levantarnos... y ahí fue cuando al mesero le llegó el milagro, de la nada nos empezó a hablar en inglés. Ah verdad, no que no. Pero bueno, el punto es que me alegra haberme topado con ese cambio. Cómo en el 2004 no encontré personas que hablaran inglés y ahora en el 2013 la mayoría lo habla. 


La historia no acaba aquí. Resulta que en uno de esos días, íbamos mi compañero de trabajo y yo a cenar. Ya habíamos caminado todo el día por las calles de París. Caminamos desde Montmatre hasta L´Opera. De ahí, el objetivo era irnos hasta el museo Louvre porque buscábamos una tienda de souvenirs que quería encontrar. En el camino hacia el Louvre, pudimos encontrar un montón de restaurantes y bares, mismos que dijimos, habrá que regresar a esta zona para ir a cenar. Sin embargo, después de encontrar la tienda de souvenirs, nos fuimos por otras calles. Se hacía tarde, y teníamos que estar a cierta hora en el hotel. Entonces, dijimos, ya, vamos a cenar en cualquier restaurant que veamos. 


Y aquí es en donde empieza la historia.

Pues llegamos a un café llamado Madelaine. Al entrar al establecimiento, nos percatamos que era un lugar con aproximadamente 30 mesas pequeñas de las cuales solamente unas 4 estaban ocupadas. Pues al entrar, el mesero nos pregunta: "Deux personnes?" y nosotros pues dijimos: "oui".


Y que nos sientan a lado de una de las 4 mesas que estaban ocupadas. Pero estamos hablando de una cercanía entre mesa y mesa de... 1 cm. 


La mesa estaba ocupada por una familia alemana. Un señor, una señora y dos muchachas. Ellos ocupaban dos mesas cuadradas. Y justo a lado, estábamos mi compañero y yo, en una mesa redonda. 


La primera reacción que tuvimos mi compañero y yo fue de sopresa. Pues las mesas estaban pegadas una con otra. Nos sentamos, y fue cuando dije... "a ver, ¿cómo? Está vacío el lugar y nos sientan justo a lado de la mesa que está ocupada. " Y mi compañero dice: "es que a lo mejor porque nos ven muy cansados y nos quieren sentar en el sillón". 


Pues bueno, vimos que la familia se nos quedaba viendo y se reían un poco. No nos importó y nos sentamos. Después, le preguntamos al mesero si hablaba inglés y que si nos podía mostrar el menú. 


El señor muy amablemente nos entregó el menú. Al abrirlo, nos dimos cuenta de los precios de las bebidas. Y ahí fue cuando dije: "¿ya viste lo que cuestan las bebidas? ¡¡¡En Alemania, el tamaño grande de una bebida cuesta 6 Euros o más barato y aquí, 12 Euros!!! 


Y en eso, la familia nos veía y se reían.


Después, reflexionando en la manera de cómo nos habían acomodado, yo todavía preocupada comenté: "¿cómo le van a hacer las chavas para salir si quieren ir al baño?" Pues en realidad, si una de ellas quisiera ir al baño, nos tendrían que mover a todos, jaja.


Después, pedimos de cenar. Y en lo que nos traían la cena, le dije a mi compañero: "Y aquí qué onda, cómo funciona esto, ahora tenemos que platicar con la familia o cómo? Digo, yo me siento ya como parte de ellos."


Y mi compañero me dice: "Yo me siento como en navidad, que cuando estamos todos reunidos, pues no cabemos en la mesa principal, entonces juntan una mesa redonda y ahí ponen a los niños. Entonces, ahorita me siento como los niños de la mesa de navidad, en la mesa redonda junto a la familia"

Y luego dije: "Total, mira, cuando llegue la cuenta, pues que la pague el señor, al cabo que ya somos parte de la familia."


Y mi compañero: "Pero no podemos platicar con ellos porque no entendemos"


Y le dije: "claro que sí, están hablando en alemán"


Y en eso, la señora nos dice en español: "hola, ¿vosotros de dónde vienen?"


Claro que mi compañero y yo totalmente sorprendidos, contestamos y nos pusimos a platicar. La familia venía de Alemania, exactamente de Frankfurt. Resulta que la señora y una de las hijas hablaban español muy bien. Y pues habían visitado Playa del Carmen y Cancún en México. 


Fue realmente muy chistoso. Lo mejor fue después de que la familia se despidió de nosotros, que nos pusimos a pensar si realmente habíamos dicho algo malo de la familia. Pero nos dimos cuenta que realmente dijimos puras tonteras, jaja. Y hasta hablamos bien de los alemanes. 


Fiuufff... qué bueno que no dijimos nada malo... ahora entendemos por qué se nos quedaban viendo y por qué se reían después de cada tontera que decíamos, jajaja.


Moraleja: 


En Europa no te fíes de la gente, puede entender cualquier idioma, aparte, no digas tonteras, jaja.


Ah... y no, la familia no nos pagó la cuenta, jaja.







jueves, 2 de mayo de 2013

¿Para qué somos buenos?



Hace unos días, picándole a nuestro nuevo centro de entretenimiento llamado Facebook, encontré que uno de mis contactos había "posteado" un video de un niño que hace la representación casi perfecta de un sacerdote en misa. La verdad, no sabía qué era lo que iba a ver  en el video en ese momento. Pensé que el niño iba a decir algún chiste o se iba a poner a bailar, pero nunca me pasó por la mente que fuera a "hacerla de sacerdote".

Bien, me quedé pensando. Realmente me impresionó la manera de cómo se mete al papel de sacerdote, de cómo pronuncia correctamente cada palabra y cada parte de la misa. Y fue ahí en donde mi mente comenzó a pensar. ¿Será que ese niño en un futuro se convierta en sacerdote? Yo digo que al menos debería de intentarlo, el papel le sale muy bien. Pero entonces, ¿será que todos en algún momento de nuestras vidas reflejamos lo que somos ahora?

Ha de ser interesante saber desde niño qué es lo que quieres ser de grande. Desgraciadamente, uno sueña y dice, quiero ser doctor, y cuando entras a la universidad, te das cuenta que lo tuyo no es aprenderte cada parte del cuerpo. Entonces, para no decepcionar a la familia dices, bueno, ok, pues voy a ser contador. Pasa el tiempo, te gradúas y terminas poniendo un puesto de quesadillas.

Finalmente, haces lo necesario para sobrevivir. Y aquí es en donde uno se pregunta, ¿qué es más importante, sobrevivir o vivir? Ah, qué difícil decisión. Siempre he creído que debemos de hacer lo que nos haga más felices. Pero en eso, haces lo que te gusta, eres feliz, vives, pero después te das cuenta que no sobrevives, porque te falta esa "entradita" de dinero.  ¿Y entonces? ¿Qué se hace? ¿Se vive o se sobrevive?

Definitivamente hay personas que nacen con un don, otras los tenemos que ir desarrollando poco a poco. Lo importante es que puedas sobrevivir viviendo. Sí, se oye muy extraño, pero es cierto. Yo no sé si cuando yo era chica actuaba de cierta forma en la que mis papás dijeran, esta niña va a ser esto de grande. La verdad no creo, porque entonces ya sería un éxito total, ¿no? Al menos no batallaría nada en la vida. Pero entonces, este punto es al que quiero llegar. Hay veces que tenemos ciertos sueños en nuestra cabeza, pasa el tiempo y no nos damos cuenta que sin querer, por tratar de sobrevivir, dejamos de vivir. Y nuestros sueños, se alejan cada vez de la realidad. Por eso, estoy 100% convencida que es importante sobrevivir viviendo. Trabajar duro para sobrevivir, pero siempre buscando la mejor manera de alcanzar nuestros sueños y vocaciones para finalmente vivir.

Ah, pero lo que nunca pasó por nuestra mente fue que el niño, tal vez no sea sacerdote, pero sí actor. O simplemente, terminará poniendo un puesto de quesadillas.