domingo, 25 de enero de 2015

Como pez en el agua


Comencé el año con la idea de hacer otro tipo de ejercicio. Bueno, se podría decir, que volví al ejercicio después de como 5 meses de no hacerlo.
Cuando era chica, hacía diferentes deportes; nadar me gustaba, era buena en pecho, siempre ganaba. O sea, me refiero al estilo, verdad. Pero después crecí y me interesaron otras cosas, por lo tanto, dejé de nadar.
Hace dos semanas comencé otra vez con este ejercicio. Primero, pues había que probarse el traje de baño (uno que tenía ahí guardado del año pasado). No es nada fácil probarse algo y que uno se de cuenta que no le queda del todo bien. Sin embargo dije, ni modo, no me voy a comprar otro, tengo que bajar de peso. Y sí, he descubierto que ya estoy en una edad en la que no me importa el qué dirán. Antes, seguramente me hubiera comprado otro traje de baño, para verme "bien" ante la sociedad. Ahora, ya solamente quiero hacer ejercicio.

La idea de traer un traje de baño "pequeño" sonaba algo extraña, pero así me lancé a la aventura, o sea, a la alberca. Llego, me meto al agua, la cual estaba a una temperatura de 30 grados, excelente para el clima frío que hacía en esos días. Me pongo mi gorra, la cual batallé para abrirla y acomodarla en mi cabeza, después me puse mis goggles, los cuales se me empañaron en segundos. Finalmente quedé preparada. Entonces, empecé a nadar.

Al salir de flecha de la orilla de la alberca, a toda velocidad, bueno, así me imaginé yo, a lo mejor si alguien me hubiera visto, diría lo contrario. Comienzo a patalear y dar mi primer brazada, después doy la segunda, la tercera y en la cuarta saco mi cabeza de costado y respiro. Otra vez, vuelvo mi cabeza al frente, doy una brazada, la segunda, la tercera y en la cuarta, vuelvo a respirar.  Continúo nadando, me encanta ver con mis goggles el fondo de la alberca, no sé por qué, pero me divierto viendo los mosaicos negros marcando la distancia que llevo. Lo mejor es ver esos mosaicos que me indican que ya voy a llegar al otro lado. Llego a la otra orilla, saco mi brazo del agua, acomodo mis pies en la pared para salir disparada en flecha otra vez y seguir nadando. Maravilloso. Es un tiempo maravilloso. Aunque en mi cabeza me encuentro sumando las vueltas que llevo, siento que es un momento especial para mi, para mis pensamientos. Sólo estoy yo, en mi mente sólo estoy yo. No hay ruidos, no hay sonidos de celular, no hay nadie que me distraiga. Solamente soy yo comunicándome con mi ser. Así de simple, me encanta.

Después de haber  nadado las vueltas que me indica el entrenador, me relajo, muevo mis brazos en el agua y pienso, qué padre. Ya nadé, ya hice ejercicio, ya cumplí.