domingo, 4 de marzo de 2012

Y se escuchaba cerca del callejón.


Normalmente uno vive su vida sin darse cuenta de los detalles que nos rodean.
No sé si han visto por medio de Facebook una fotografía en donde se puede ver a lo lejos un violinista. Abajo de esa fotografía nos cuenta la historia, que se hizo un experimento sobre la actitud y reacción de la gente poniendo a violinista muy famoso, quien un día antes había tocado en un concierto, en el cual sus boletos costaban mucho dinero. El violinista tocaba en el metro y la gente no se detenían a escuchar, algún niño lo hacía, sin embargo su madre lo jalaba, ya que tenían prisa.

Algo muy parecido me sucedió aquí. Ayer a las 11.30 de la noche, iba caminando por la calle principal de la ciudad. Había mucha gente afuera, muchachos cantando, otros gritando, otros borrachos, etc. Pues era sábado, la fiesta apenas comenzaba. Yo en cambio, iba a cumplir con una parte de mi trabajo.

Concentrada en el camino, cuidando de no ser atropellada por una bicicleta, pensando en muchas cosas, referente a lo que había sucedido la semana pasada, a lo que sucedía en mi vida, y a lo que podría suceder también. Mi mente estaba totalmente enfocada en mis pensamientos. Sinceramente el ruido que venía de la calle, como los gritos, las voces, etc. no me distraían de mis pensamientos. En eso, empecé a escuchar un sonido que venía de un callejón. Una melodía muy llamativa, sonido que al escucharlo lo relacionas con música clásica, por lo elaborado de las ejecución de las notas. Me sonaba parecido a una flauta. Seguía caminando y el sonido cada vez se escuchaba más claro. En mi mente, me estaba imaginando a un muchacho, músico, como los que se ponen a tocar en las calles europeas. Seguí caminando y cada vez me acercaba más al callejón. Mi mente ahora sólo pensaba en esa melodía. Quería descubrir de dónde venía ese sonido y quién lo producía.
Al momento en que llegué al callejón, me di cuenta que el sonido lo hacía la flauta dulce, es decir, aquella flauta que te encargan comprar en la secundaria. Para mi sorpresa, la melodía la producía un señor, quien normalmente le llamaríamos "vagabundo". Era un señor de aproximadamente unos 50 años, estaba parado a lado de su bicicleta, misma que traía ciertos bultos cargados en la parte de atrás. En el piso había una colcha, lo que me decía que el señor ahí iba a dormir.

Sinceramente, no me pude detener porque tenía que estar puntualmente en un lugar. Y seguí caminando. En esos momentos me acordé de la fotografía sobre el violinista famoso. Y entonces pensé, en la vida hay muchas verdades. Por ejemplo, es verdad que uno tiene tantas cosas que hacer que no te das cuentas de los detalles pequeños, mismos que son los que hacen que tu vida valga la pena. Es verdad que la apariencia engaña y que nuestros pensamientos se dirigen, la mayoría de las veces, a lo que conocemos y creemos y no a lo que en la vida real es. ¿Quién dijo que por no querer seguir las reglas de la sociedad de tener un trabajo en el cual tengas que usar traje y corbata, no puedas tener el don de crear y/o ejecutar música? ¿Quién dijo que porque no tienes un lugar en dónde dormir no puedes expresar tus sentimientos con la música?

Esto me llevó a pensar que en realidad deberíamos de descubrir ese pequeño detalle de cada persona. Estoy segura que cada uno, como persona, tiene algo qué aportar a la sociedad. Aunque sea algo pequeño, sin embargo, sin ese algo, la vida en sí, sería totalmente distinta.

Yo también tengo ese algo.

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