viernes, 2 de mayo de 2014

La mesa

Tengo un escritorio para trabajar, y realmente no me inspira escribir ahí. Puedo hacerlo, pero sentirme agusto, no sucede. No se parece en nada a la mesa del comedor. No sé por qué será. ¿La luz, tal vez? No creo, la verdad es que en la habitación en donde se encuentra ese escritorio entra la luz directamente atravesando dos ventanas. En las tardes, el sol entra exactamente por ahí, creando un ambiente de paz y relajación total. Que si le agregáramos música estilo chill out, uno podría quedarse horas viendo las sombras de las ramas del árbol reflejándose por el sol, atravesando esos vidrios. Entonces, ¿qué es lo que tiene esa mesa del comedor, que no tiene mi escritorio para trabajar? ¿Por qué me inspiraré más sentada en la cocina? ¿Habrá algún tipo de magia creada por los diferentes botes de especies que se encuentran en la alacena? ¿Será acaso que la tribu de los sartenes enteflonados crea esa ilusión en mi cerebro, manipulando las neuronas creativas para que mi mente escriba sobre un papel? O realmente, ¿serán los platos que se encuentran acomodados según su estatura y tamaño, lo que me hace organizar mis ideas? No lo sé. Simplemente sé que cada vez que me acerco a esa mesa, puedo escribir y escribir, sin que nada me detenga. El comandante Don Refrigerador, siempre está de pie observando las letras que surgen de esta pluma y que se imprimen en el papel que antes pudo funcionar como servillleta. El grupo de sillas que se encuentran rodeándonos a la mesa y a mí, se quedan quietas, como si estuvieran posando para una fotografía. Pensándolo bien, los cubiertos son un problema. Existen diferentes grupos o pandillas, creo. Los cuchillos, son los "peligrosos". Siempre se dice, que uno tiene que tener mucho cuidado cuando estemos cerca de ellos. Pues te pueden cortar. En cambio, los otros dos grupos, son más divertidos. Los tenedores, por ejemplo, se les puede decir que son los viejitos de la colonia. Ya que muchos de ellos, están muy traqueteados por la vida. Pero eso mismo, hace que sus peinados, sean diferentes. En cambio, las cucharas, todas son iguales, bueno, unas más gordas que otras. A ellas las prefieren los niños. ¿Será entonces que lo que me inspira es el conjunto de todo aquel que vive en la cocina y me ayudan a pensar? O realmente, ¿será la mesa en sí? Finalmente, ella es mi apoyo.


  Yara Iruegas

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