Estoy a cuatro semanas y media de regresar a México. Por un lado, estoy muy contenta, porque busco desesperadamente la luz y el calor del sol, la convivencia con la familia y los amigos.
Pero por el otro lado, me entra cierta tristeza. Es dejar de nuevo el país que me encanta.
En esta ocasión, viví cosas muy diferentes a las del año pasado. Esta vez, puedo decir que no fue nada fácil. Al menos yo sentí que la experiencia fue parte importante para mi desempeño laboral. Creo que lo que aprendí el año pasado, me ayudó muchísimo para poder resolver cosas de este año. Por lógica, uno dice, pues debió de haber sido más fácil, pero no lo fue. Y esto es porque cada día, cada persona, cada momento, todo es diferente. Nuestra manera de pensar también lo es. El año pasado mi mente había estado saturada de trabajo que al llegar a este lugar, todo era nuevo para mi. Sin embargo, este año, mi mente ya no estaba tan saturada. Y mis sueños eran otros.
Con el tiempo, he aprendido que nada es fácil. Y cuando es fácil, es porque ya lo dominaste con la práctica o simplemente porque viene algo más difícil. También he descubierto que no todo lo que brilla es oro, y no podemos juzgar por las apariencias.
Esta vez, estoy viviendo un punto importante en mi vida. El año pasado, solté algo que me estaba deteniendo. Al soltarlo, sentí que mi vida cambiaba. Y que se abrían nuevas puertas en mi camino. En esta ocasión, se me presenta otra vez un cambio. Como todo, nos da miedo pensar. Algo interesante de nuestra mente, es que empieza a imaginar cosas rápidamente. Y entonces es cuando sientes que estás entre la espada y la pared. Y que tienes que tomar una decisión. Ahí es cuando nuestra capacidad de elegir lo que es mejor para uno mismo tiene que actuar. Y como toda decisión, es pensar, qué pasaría si hiciera esto y qué pasaría si no lo hiciera. Sin embargo, nunca sabemos qué es lo que realmente pasará. Se puede decir que es lo divertido de la vida, pero en el fondo, tienes esa intriga. El simple hecho de no saber si estás haciendo las cosas correctamente.
Creo que hay veces que es mejor dejarse llevar por lo que la vida te vaya presentando. También para poder lograr esto, es necesario soltar otras cosas. Dejar de aferrarnos a algo que con el tiempo transcurrido no vemos cambios. Simplemente, si lo vemos como una imagen, sería volar como una pluma blanca con el viento. A ver a dónde te lleva. Tranquilidad, fluidez, seguridad en que todo terminará bien. Viajar por la vida con la certeza de haber tomado la mejor decisión. Después de eso, todo se acomoda. Creo en el destino, creo que todo está ahí por alguna razón. Pero también creo en los sueños y en las metas. Y ahí es donde tenemos que ver cómo acomodar nuestros sueños y nuestras metas con nuestro destino. Que a fin de cuentas.... cuando lleguemos, nos daremos cuenta, que siempre fue el camino que debimos de tomar.
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