martes, 7 de febrero de 2012

Cuando disfrutas ver la nieve caer.

Como ya lo había comentado antes, vengo de Monterrey, de una ciudad en donde normalmente el sol brilla todos los días y sobre todo la temperatura oscila entre 25 y 35 grados, dependiendo de la época en la que nos encontremos. Sin embargo, se distingue como una ciudad calurosa y en verano, uy, el calor a todo lo que da. Hemos tenido temperaturas hasta de 40 grados, algunas veces más.

El día de hoy se terminó mi clase de alemán y salí del edificio. Sorpresa, empecé a sentir pequeños copitos de nieve en mi cara. Fui a comer, sin embargo, aún no se mostraba diferencia en el panorama. Después de unas horas, justo cuando estábamos en clase, se me ocurrió cambiar de salón por alguna razón. Todo el suelo era color blanco. La nieve empezó a caer cada vez más fuerte y empezó a cubrir todo el suelo de la ciudad. Pasaban los trenes cubiertos de nieve, volteabas a ver los techos de los edificios y se veían blancos. Increíble. Todo era blanco.

Para la mayoría de la gente que estábamos en ese salón, nos llamó muchísimo la atención. Unos me decían que era la primera vez que veían nevar, otros me decían que les encantaba el panorama. Otros comentaban que les transmitía paz el ver caer la nieve a través de las ventanas del salón.

Finalmente, salí del edificio y claro que me tomé una fotografía. Tenía que tener el recuerdo de aquél día en que nevó.

Sea lo que sea, este día, no lo cambio por nada.


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